En sus manos no solo lleva cenizas: lleva una historia de amor, una vida compartida, sueños construidos a pulso y una ausencia que pesa más que cualquier multitud. A su alrededor hay gente, hay ruido, hay homenajes… pero en ella habita un silencio profundo, el de quien despide al amor de su vida.

Es la imagen de una esposa que amó, que acompañó, que creyó.
La imagen de una mujer que, aun rota por dentro, camina con dignidad, representando el dolor de una familia, de un pueblo y de miles de corazones que hoy lloran la misma ausencia.

Sonia avanza firme, abrazando lo que queda de una vida construida desde el amor verdadero. No hay palabras suficientes, no hacen falta. La escena habla por sí sola.

Una fotografía que no necesita titulares estruendosos, porque el amor, cuando es verdadero, también se despide en silencio.
En sus manos no solo lleva cenizas: lleva una historia de amor, una vida compartida, sueños construidos a pulso y una ausencia que pesa más que cualquier multitud. A su alrededor hay gente, hay ruido, hay homenajes… pero en ella habita un silencio profundo, el de quien despide al amor de su vida. Es la imagen de una esposa que amó, que acompañó, que creyó. La imagen de una mujer que, aun rota por dentro, camina con dignidad, representando el dolor de una familia, de un pueblo y de miles de corazones que hoy lloran la misma ausencia. Sonia avanza firme, abrazando lo que queda de una vida construida desde el amor verdadero. No hay palabras suficientes, no hacen falta. La escena habla por sí sola. Una fotografía que no necesita titulares estruendosos, porque el amor, cuando es verdadero, también se despide en silencio.
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