Tiquicia Sin Filtro es un espacio libre y sin maquillaje, donde las ideas caminan sin bozal. Aquí se habla claro, sin miedo y sin permiso, de lo que pasa en Costa Rica y en el mundo. Opiniones reales, voces auténticas y verdades dichas de frente.
Porque callar nunca fue opción, y pensar libremente es un derecho.
Porque callar nunca fue opción, y pensar libremente es un derecho.
-
PBID: 0051001100000002
-
1 A la gente le gusta esto.
-
4 Entradas
-
4 Fotos
-
0 Videos
-
Vista previa
-
Noticias
Actualizaciones Recientes
-
Costa Rica está a semanas de una decisión histórica.
No es una elección cualquiera. Es escoger quién tendrá el timón del país por los próximos cuatro años… y, más delicado aún, qué tan concentrado estará el poder.
Las encuestas —que orientan pero no deciden— apuntan a que el continuismo va encabezando la carrera con Laura Fernández. Un continuismo que, durante su gestión, ha dividido al país, ha profundizado la polarización y ha convivido con uno de los periodos más violentos en la historia reciente de Costa Rica. Esa es la realidad, incómoda pero real.
En la acera de enfrente hay opciones claras y diversas:
Álvaro Ramos, joven, con una discapacidad auditiva que no le resta visión ni compromiso democrático; representa una nueva escuela dentro del Partido Liberación Nacional.
El candidato del Partido Unidad Social Cristiana, preparado, técnico, con formación sólida y discurso estructurado.
Claudia Dobles, una de las figuras más fuertes del escenario político actual.
Y Aguilar Berrócal ( cuyo vínculo familiar con Nayib Bukele despierta preguntas legítimas sobre influencias externas. Preguntar no es acusar; es ejercer ciudadanía.
El punto crítico no es solo quién gane la Presidencia.
El verdadero peligro sería entregar también la Asamblea Legislativa sin contrapesos.
Hablar de 40 diputados del continuismo no es un detalle técnico: es una alerta democrática. Sin diálogo, sin negociación, sin balance, el poder se vuelve imposición. Y cuando no hay contrapesos, la democracia se debilita.
Si Costa Rica decide que Laura Fernández sea presidenta, se respeta: el pueblo manda.
Pero no podemos permitir que ningún gobierno concentre todo el poder. La Asamblea debe ser plural, incómoda si hace falta, pero firme. Porque la democracia no es obediencia, es equilibrio.
Costa Rica no nació para arrodillarse ante un solo poder.
Nació para dialogar, disentir y corregir el rumbo cuando hace falta.
Eso también es patriotismo.
Eso también es amor por el país.Costa Rica está a semanas de una decisión histórica. No es una elección cualquiera. Es escoger quién tendrá el timón del país por los próximos cuatro años… y, más delicado aún, qué tan concentrado estará el poder. Las encuestas —que orientan pero no deciden— apuntan a que el continuismo va encabezando la carrera con Laura Fernández. Un continuismo que, durante su gestión, ha dividido al país, ha profundizado la polarización y ha convivido con uno de los periodos más violentos en la historia reciente de Costa Rica. Esa es la realidad, incómoda pero real. En la acera de enfrente hay opciones claras y diversas: Álvaro Ramos, joven, con una discapacidad auditiva que no le resta visión ni compromiso democrático; representa una nueva escuela dentro del Partido Liberación Nacional. El candidato del Partido Unidad Social Cristiana, preparado, técnico, con formación sólida y discurso estructurado. Claudia Dobles, una de las figuras más fuertes del escenario político actual. Y Aguilar Berrócal ( cuyo vínculo familiar con Nayib Bukele despierta preguntas legítimas sobre influencias externas. Preguntar no es acusar; es ejercer ciudadanía. El punto crítico no es solo quién gane la Presidencia. El verdadero peligro sería entregar también la Asamblea Legislativa sin contrapesos. Hablar de 40 diputados del continuismo no es un detalle técnico: es una alerta democrática. Sin diálogo, sin negociación, sin balance, el poder se vuelve imposición. Y cuando no hay contrapesos, la democracia se debilita. Si Costa Rica decide que Laura Fernández sea presidenta, se respeta: el pueblo manda. Pero no podemos permitir que ningún gobierno concentre todo el poder. La Asamblea debe ser plural, incómoda si hace falta, pero firme. Porque la democracia no es obediencia, es equilibrio. Costa Rica no nació para arrodillarse ante un solo poder. Nació para dialogar, disentir y corregir el rumbo cuando hace falta. Eso también es patriotismo. Eso también es amor por el país.0 Commentarios 0 Acciones 912 Views 0 Vista previaPlease log in to like, share and comment! -
1) Groenlandia no es territorio americano.
Groenlandia es la isla más grande del mundo, un territorio autónomo que pertenece al Reino de Dinamarca y no está a la venta ni bajo soberanía de Estados Unidos. Dinamarca y el gobierno de Groenlandia lo han dejado clarísimo: “no queremos ser parte de EE. UU.” y reafirmaron su soberanía en conjunto con la OTAN y la UE.
2) Trump dice que quiere “tomar” Groenlandia por razones de seguridad.
La Casa Blanca de Trump argumenta que sería necesario para frenar la influencia de China y Rusia en el Ártico, pero líderes europeos, expertos en geopolítica y el propio gobierno danés rechazan que exista una amenaza inminente que justifique quitarle territorio a un aliado.
3) El mapa que circuló no es un cambio real de fronteras.
Trump compartió un mapa generado por IA donde Groenlandia, Canadá, e incluso Venezuela aparecen como parte de Estados Unidos. Eso no tiene ningún valor legal ni político; es parte de su retórica provocadora y desorientadora, no de una política diplomática formal.
4) La comunidad internacional ha reaccionado con alarma.
Gobiernos europeos y líderes de la OTAN han defendido la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia, y han dejado claro que una anexión forzada sería una violación del derecho internacional y dañaría gravemente las relaciones con aliados tradicionales.
5) Hay críticas fuertes incluso de figuras públicas.
Desde actores europeos hasta analistas, muchos han calificado la postura de Trump como expansionismo territorial impropio de la política moderna, algo que parece salido de mapas mentales de un conquistador del pasado más que de un estadista.
Entonces, ¿qué está pasando realmente?
Donald Trump está usando el argumento de la seguridad —y ahora incluso su frustración personal por no recibir un premio— para justificar un impulso territorial sin precedentes en tiempos modernos.
Hasta ahora, no hay ningún acuerdo ni mecanismo internacional que permita a Estados Unidos apropiarse de territorio de un país aliado sin su consentimiento.
Lo que sí hay es tensiones diplomáticas muy reales con Dinamarca, con Canadá y con la propia OTAN, precisamente porque estas ideas de “tomar territorios” chocan con principios básicos de soberanía y cooperación.
La esencia cruda:
Este movimiento no es seguridad, es obsesión por control territorial.
Si la razón fuera proteger, bastaría con cooperar con Dinamarca y la OTAN, no con intentar apropiarse de su territorio o usar imágenes y mapas que no tienen base legal. Lo que está haciendo Trump —y me lo dices tú, lo vemos todos— no es política estratégica madura: es un ataque a la confianza entre aliados y una provocación que pone en riesgo las alianzas históricas entre Estados Unidos y Europa.1) Groenlandia no es territorio americano. Groenlandia es la isla más grande del mundo, un territorio autónomo que pertenece al Reino de Dinamarca y no está a la venta ni bajo soberanía de Estados Unidos. Dinamarca y el gobierno de Groenlandia lo han dejado clarísimo: “no queremos ser parte de EE. UU.” y reafirmaron su soberanía en conjunto con la OTAN y la UE. 2) Trump dice que quiere “tomar” Groenlandia por razones de seguridad. La Casa Blanca de Trump argumenta que sería necesario para frenar la influencia de China y Rusia en el Ártico, pero líderes europeos, expertos en geopolítica y el propio gobierno danés rechazan que exista una amenaza inminente que justifique quitarle territorio a un aliado. 3) El mapa que circuló no es un cambio real de fronteras. Trump compartió un mapa generado por IA donde Groenlandia, Canadá, e incluso Venezuela aparecen como parte de Estados Unidos. Eso no tiene ningún valor legal ni político; es parte de su retórica provocadora y desorientadora, no de una política diplomática formal. 4) La comunidad internacional ha reaccionado con alarma. Gobiernos europeos y líderes de la OTAN han defendido la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia, y han dejado claro que una anexión forzada sería una violación del derecho internacional y dañaría gravemente las relaciones con aliados tradicionales. 5) Hay críticas fuertes incluso de figuras públicas. Desde actores europeos hasta analistas, muchos han calificado la postura de Trump como expansionismo territorial impropio de la política moderna, algo que parece salido de mapas mentales de un conquistador del pasado más que de un estadista. Entonces, ¿qué está pasando realmente? Donald Trump está usando el argumento de la seguridad —y ahora incluso su frustración personal por no recibir un premio— para justificar un impulso territorial sin precedentes en tiempos modernos. Hasta ahora, no hay ningún acuerdo ni mecanismo internacional que permita a Estados Unidos apropiarse de territorio de un país aliado sin su consentimiento. Lo que sí hay es tensiones diplomáticas muy reales con Dinamarca, con Canadá y con la propia OTAN, precisamente porque estas ideas de “tomar territorios” chocan con principios básicos de soberanía y cooperación. La esencia cruda: Este movimiento no es seguridad, es obsesión por control territorial. Si la razón fuera proteger, bastaría con cooperar con Dinamarca y la OTAN, no con intentar apropiarse de su territorio o usar imágenes y mapas que no tienen base legal. Lo que está haciendo Trump —y me lo dices tú, lo vemos todos— no es política estratégica madura: es un ataque a la confianza entre aliados y una provocación que pone en riesgo las alianzas históricas entre Estados Unidos y Europa.0 Commentarios 0 Acciones 1K Views 0 Vista previa -
0 Commentarios 0 Acciones 236 Views 0 Vista previa
-
0 Commentarios 0 Acciones 241 Views 0 Vista previa
Quizás te interese…